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Hasta el 22 de enero de 2012

'Cabañas para pensar', en el Centro Guerrero

Eduardo Outeiro analiza una serie de ejemplos de arquitecturas íntimas y esenciales escogidas por once creadores fundamentales del siglo XX
25-10-2011 18:50

¿Qué ocurre cuando el espacio creativo, influencia decisiva en el resultado final de una obra, es una simple cabaña en medio del bosque? Partiendo de esta base y de la experiencia fundadora del escritor norteamericano Henry David Thoreau (1817-1882) nace la exposición 'Cabañas para pensar', un proyecto del artista Eduardo Outeiro que analiza una serie de ejemplos de arquitecturas íntimas y esenciales escogidas por once creadores fundamentales del siglo XX, entre ellos el filósofo Martin Heidegger, el compositor Gustav Mahler, el cineasta Derek Jarman o la escritora Virginia Woolf. Cada una de las trece cabañas que componen la muestra está visitada a través de fotografías, planos arquitectónicos y maquetas y podrá visitarse en Granada hasta el 22 de enero de 2012.

El diputado provincial de Cultura, José Antonio González Alcalá, ha manifestado durante la presentación que "la Diputación de Granada mantiene su compromiso con el arte contemporáneo, a través del Centro José Guerrero, y que existe la intención de trasladar en el futuro algunas de sus exposiciones a municipios de la provincia". Respecto a la muestra, ha destacado su interés didáctico y pedagógico y ha recalcado la búsqueda de la libertad como condición indispensable para cualquier acto de creación. Un hombre crea cuando se siente libre".

El comisario de la muestra, Alberto Ruiz de Samaniego, ha contextualizado la exposición dentro de la vieja tradición nórdica y anglosajona de este tipo de construcciones, que aún sigue vigente, y ha señalado dos motivos principales para que un artista de la Modernidad se encerrase a crear en una cabaña: la vuelta a los orígenes y a la naturaleza, un primitivismo consciente enraizado en las ideas de Rousseau y en segundo lugar, una búsqueda de la soledad, de la severidad y de la existencia radical, una especie de vía terapéutica para curarse del modelo de vida impuesto por la Revolución Industrial, de su cotidianeidad más superficial, utilitarista y mundana". Según Ruiz de Samaniego, los once autores seleccionados tenían diferentes nacionalidades y procedían de diferentes prácticas creativas, pero compartían como nexo común, "severos problemas morales y de autoconciencia. Eran enfermos que buscaban una curación".

Algunos de estos once artistas construyeron las cabañas por sí mismos, otros practicaron con entusiasmo la jardinería. Casi todos las utilizaban en solitario como espacio íntimo para la creación, aunque en algún caso llegaron a habitarlas en familia y pasar en ellas largas temporadas. Wittgenstein construyó la suya en un fiordo noruego al que sólo se podía llegar en barca y manifestó que "fue el único lugar donde pude estar realmente tranquilo". Heidegger eligió un refugio de esquiadores en medio de la Selva Negra alemana y allí trabajó muchos de sus famosos escritos. Mahler llegó al lago de Attersee, en Austria, buscando un lugar "tranquilo, económico y con hermosas vistas" para componer. Dylan Thomas fue padre y compró una cabaña elevada sobre pilares para vivir con su hijo el resto de su vida. Virginia Wolf no tenía baño ni agua caliente, tan solo paredes y ladrillos en su pequeña caballa de Rodmell, en Inglaterra. "Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción", manifestó la famosa escritora británica.

Las trece cabañas se parecen en la esencia, en su austeridad, que alcanza su máxima expresión en la minúscula caseta de madera escogida por Strindberg en el archipiélago de Estocolmo. Pero, en realidad, todas las construcciones son muy distintas entre sí y están muy personalizadas por cada autor. Formando parte de la exposición, el artista Eduardo Outeiro ha construido una reproducción de la mítica cabaña Walden de Thoreau, todo un símbolo de la cultura norteamericana. La muestra se acompaña de un catálogo-ensayo en el que participan, entre otros, el poeta César Antonio Molina y el artista Xesús Vázquez y de un ciclo de conferencias entre el 21 y el 26 de octubre, con la presencia de los profesores Juan Calatrava y Félix Duque, entre otros. Paralelamente, se muestra en la última planta del Centro dibujos y óleos de la serie Fosforescencias de José Guerrero, cedidos por la familia.

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